Materialismo Jerárquico – En búsqueda de lucidez material

El Materialismo Jerárquico (MJ) surge como una respuesta crítica a los desarrollos más avanzados del materialismo contemporáneo. No se presenta como una negación de estos sistemas, sino como una superación por integración crítica, orientada a resolver una serie de problemas estructurales que, pese a su potencia analítica, permanecen abiertos en tradiciones como el Materialismo Histórico marxista, el Materialismo Filosófico de Gustavo Bueno o el Materialismo Sistémico de Mario Bunge.

Estos sistemas han logrado explicar con notable rigor la constitución material de la realidad, sus procesos históricos y sus dinámicas estructurales. Sin embargo, el MJ parte de la constatación de que explicar la realidad no basta: un sistema filosófico materialista que aspire a ser históricamente relevante debe incorporar de manera explícita una praxeología fuerte, capaz de orientar la acción —individual y colectiva— en condiciones materiales concretas.

Materialismo Jerárquico , sistema filosófico.

Neutralidad analítica y ausencia de praxeología fuerte

Uno de los principales límites de los materialismos no marxistas contemporáneos es su neutralidad práctica. Tanto el Materialismo Filosófico como el Materialismo Sistémico poseen una enorme capacidad descriptiva y clasificatoria, pero se abstienen deliberadamente de prescribir cursos de acción. Esta neutralidad, aunque metodológicamente comprensible, conduce a una filosofía analíticamente sofisticada pero políticamente estéril, incapaz de articular proyectos de transformación material efectivos.

El Materialismo Jerárquico rechaza esta neutralidad como una forma encubierta de impotencia filosófica. Comprender las estructuras materiales sin intervenir sobre ellas equivale, en términos históricos, a ceder la praxis a fuerzas externas (económicas, políticas o ideológicas) que sí operan con objetivos claros.

El Problema del reduccionismo estructural en el marxismo

El marxismo constituye una excepción parcial: es un materialismo explícitamente revolucionario. No obstante, su enfoque revolucionario se concentra casi exclusivamente en proyectos colectivos macroestructurales, relegando la transformación individual a un papel secundario o incluso irrelevante. Esta omisión conduce con frecuencia a un determinismo estructural que diluye al individuo en la totalidad social.

La propia vida de Karl Marx ilustra trágicamente esta tensión. Marx dedicó su existencia entera a una causa histórica mayor, sacrificando no solo su estabilidad económica y su salud, sino también el bienestar de su familia. La miseria material en la que vivió durante largos periodos no fue una contingencia anecdótica, sino la expresión de una desconexión entre proyecto político macro y condiciones materiales micro. El MJ no interpreta este hecho como un juicio moral, sino como un problema teórico no resuelto: ¿cómo puede un materialismo revolucionario ignorar la base material inmediata del propio sujeto revolucionario?

El Abandono de la vida cotidiana como campo filosófico

Otro déficit central de los materialismos clásicos es su progresivo encierro en el ámbito académico. La filosofía materialista se volvió experta en sistemas, categorías y debates internos, pero perdió contacto con la vida cotidiana, con las decisiones concretas que los individuos toman bajo restricciones materiales reales.

Materialismo Jerárquico no en defensa de la fenomenología, sino en el sustento de la necesidad de esta.

De manera paralela, el MJ establece una crítica más radical al Materialismo Sistémico de Mario Bunge. Si bien este sistema destaca por su rigor ontológico y su defensa del realismo científico, su reducción de la gnoseología al conocimiento científico estricto conduce a una exclusión sistemática de la fenomenología como fuente legítima de conocimiento material. Esta exclusión no es menor: al negar estatuto gnoseológico a las experiencias vividas, percepciones situadas y comprensiones prácticas no formalizadas científicamente, el materialismo sistémico se vuelve incapaz de fundamentar proyectos individuales o políticos duraderos, que necesariamente se apoyan en saberes prácticos, estéticos y experienciales.

No todo agente material es un científico, ni la acción humana puede quedar condicionada a una validación gnoseológica estrictamente científica. Pretender lo contrario implica desconocer que la praxis se despliega, de manera inevitable, en escenarios de conocimiento incompleto. Los sujetos actúan, ajustan y persisten en función de resultados materiales obtenidos, no de demostraciones teóricas exhaustivas. Al excluir este plano fenomenológico–práctico del conocimiento, el materialismo sistémico queda incapacitado para dar cuenta de las jerarquías reales que estructuran la acción individual y colectiva en el tiempo.

En otras palabras, las personas no esperan a comprenderlo todo para actuar: actúan porque vivir no admite suspensión, y en ese actuar se produce un campo material real —hecho de experiencias, hábitos, percepciones y resultados— que no solo existe, sino que exige ser estudiado si se pretende estructurar y orientar la acción con eficacia.

Materialismo Jerárquico al rescate

La convergencia de estas limitaciones —neutralidad práctica, déficit gnoseológico, carencia de análisis jerárquico, desconexión con la vida cotidiana y ausentismo del estudio de la estética como mediador material del poder— impide la formulación de una praxeología verdaderamente eficaz. Frente a ello, el Materialismo Jerárquico introduce y fecunda el concepto de Lucidez Material, entendido como la capacidad de identificar con claridad la posición jerárquica real desde la cual se actúa, las estructuras de poder que operan en ese nivel y las posibilidades efectivas de intervención. Este concepto, que será desarrollado en profundidad más adelante, constituye el núcleo operativo del MJ y el criterio mediante el cual se orienta la acción sin caer ni en el estructuralismo determinista que anula la agencia situada, ni en el individualismo metodológico que niega la acción colectiva como jerarquía estructuradora. Con ello, el MJ busca clausurar un falso dilema que ha atravesado durante siglos la teoría social y filosófica, y que ha contribuido de manera sistemática a la fragmentación y debilitamiento de proyectos políticos.

Lucidez Material: comprender para intervenir con eficacia

El Materialismo Jerárquico recupera al individuo no como sujeto abstracto ni como mero efecto estructural, sino como nodo material situado, inserto en múltiples jerarquías simultáneas (económicas, educativas, políticas, simbólicas). Desde esta perspectiva, la acción individual no se opone a la acción colectiva: la prepara, la condiciona o la sabotea, según el grado de comprensión material que se posea.

El MJ adopta la conocida tesis de que la tarea de la filosofía es comprender el mundo para transformarlo, pero introduce un matiz decisivo: no toda comprensión habilita la transformación. Solo cuando el conocimiento se articula en términos de niveles jerárquicos materiales reales emerge lo que el MJ denomina Lucidez Material.

La Lucidez Material es el momento en el que un sujeto —individual o colectivo— identifica con claridad:

  • el nivel jerárquico en el que se encuentra,

  • las estructuras de poder que operan en ese nivel,

  • los límites y posibilidades reales de acción desde esa posición.

Sin esta lucidez, la praxis se vuelve errática, voluntarista o directamente autodestructiva.

La Estética como mediador material olvidado

Las filosofías materialistas han tendido a subestimar la estética como fuerza material operativa. Si bien Gustavo Bueno amplió el campo de lo material al incluir ideas, costumbres y normas, no llegó a formular una teoría del poder estético: es decir, del modo en que formas, símbolos, narrativas y sensibilidades movilizan conductas, adhesiones y sacrificios.

El Materialismo Jerárquico incorpora la estética como un mediador estructural del poder, capaz de orientar proyectos, legitimar jerarquías y producir obediencia o resistencia. Toda empresa política o individual fracasa si ignora el papel material de la estética en la consecución de objetivos.

Lucidez Material en proyectos micro y macro

La Lucidez Material no es un lujo teórico, sino una condición de posibilidad del éxito práctico.

Ejemplo micro (individual):
Un joven de origen humilde que decide estudiar filosofía durante cinco años, sin capital económico ni redes de respaldo, suele hacerlo movido por una estética del saber o del compromiso intelectual. Sin embargo, desde el MJ, esta decisión revela una falta de lucidez material: al ignorar su posición jerárquica concreta, el proyecto se vuelve materialmente inviable. Una estrategia más lúcida consistiría en adquirir primero una formación técnica corta que permita mejorar las condiciones materiales de base y, desde ahí, escalar hacia proyectos intelectuales más ambiciosos.

Ejemplo macro (geopolítico):
El filósofo Santiago Armesilla propone la construcción de un proyecto de unidad iberófona o hispanista, fundamentado en su Materialismo Político. No obstante, el MJ identifica aquí un déficit de lucidez material: el país hispanohablante con mayor desarrollo relativo, España, atraviesa una situación de pérdida de soberanía y fragilidad estructural. Pretender articular un bloque geopolítico desde una base material debilitada equivale a construir una jerarquía sobre cimientos inestables. Desde el MJ, la prioridad estratégica debería ser la reconquista de soberanías nacionales efectivas, como condición previa para cualquier proyecto iberófono capaz de enfrentar al imperialismo anglosajón.

El Objetivo del Materialismo Jerárquico

El Materialismo Jerárquico sostiene que ningún proyecto —individual o político— puede prosperar sin Lucidez Material. Su propósito no es solo describir el mundo, sino dotar a los sujetos de herramientas conceptuales para intervenir en él con eficacia, evitando sacrificios estériles, fracasos previsibles y utopías desconectadas de las condiciones reales de existencia.

En este sentido, el MJ no es un materialismo neutral, ni un voluntarismo revolucionario ciego, sino una filosofía de la acción situada, fundada en el análisis riguroso de las jerarquías materiales que constituyen la realidad histórica.

Conclusión: qué es el Materialismo Jerárquico

El Materialismo Jerárquico (MJ) puede definirse, en términos generales, como un sistema filosófico materialista, no neutral y praxeológico, cuyo objetivo central es comprender la realidad como un entramado de jerarquías materiales históricamente constituidas, para intervenir en ellas de manera lúcida, eficaz y estratégicamente situada. Su núcleo teórico no reside únicamente en la descripción de estructuras, sino en la articulación entre ontología, conocimiento y acción, mediada por el poder y la estética como fuerzas materiales reales.

A diferencia de otros materialismos, el MJ sostiene que no toda praxis es transformadora y que no toda transformación es progresiva. Solo aquella acción fundada en una comprensión jerárquica de la realidad —esto es, en Lucidez Material— puede aspirar a modificar de forma efectiva las condiciones materiales de existencia, tanto en el plano individual como en el colectivo. En este sentido, el MJ rechaza tanto la neutralidad analítica que paraliza la acción como el voluntarismo ideológico que ignora las condiciones reales del sujeto que actúa.

El Materialismo Jerárquico se propone así como una filosofía de la vida concreta, aplicable a la toma de decisiones cotidianas, a la planificación de proyectos personales, a la formulación de estrategias políticas y al análisis geopolítico. Recupera al individuo como agente material situado, sin disolverlo en abstracciones estructurales, pero tampoco aislándolo de las totalidades jerárquicas que lo condicionan. Del mismo modo, restituye a la estética su estatuto de mediador material del poder, mostrando cómo las formas, narrativas y sensibilidades configuran la posibilidad misma de la acción.

Es importante subrayar que el Materialismo Jerárquico es un sistema filosófico de autoría propia, actualmente en desarrollo abierto y permanente. El presente texto constituye únicamente una introducción general, destinada a exponer sus motivaciones, problemas fundacionales y ejes conceptuales básicos. Tanto sus bases formales como los conceptos filosóficos derivados de ellas se encuentran en un proceso continuo de revisión, ampliación y ajuste, en diálogo crítico con la realidad histórica y con otros sistemas filosóficos materialistas.

Lejos de presentarse como un sistema cerrado o definitivo, el MJ asume que toda filosofía materialista auténtica debe permanecer históricamente expuesta a la transformación de las condiciones materiales que analiza. Por ello, sus categorías, metodologías y aplicaciones serán actualizadas conforme nuevas configuraciones jerárquicas emerjan y nuevos problemas materiales exijan ser pensados.

En suma, el Materialismo Jerárquico no pretende ser un punto de llegada, sino un instrumento teórico en construcción, orientado a producir Lucidez Material allí donde la acción fracasa, la teoría se vuelve estéril o la praxis se sacrifica inútilmente. Su ambición última no es únicamente interpretar la realidad, sino habilitar formas de vida y proyectos políticos capaces de sostenerse materialmente en el tiempo.

Con mucho odio: Óscar Leuro